Hace 7 años, el Señor me inquietó a educar a mi hija en casa. Una noche estaba edificándome en Instagram (jajaja) y me encontré con una publicación de la pastora Manuela, en donde ella contaba que Dios le había hablado y le había dicho que educara a su hijo en casa. Para mí, la educación en casa era algo nuevo, no lo conocía. Inmediatamente pensé que, obviamente, eso no era para mí: “¿Cómo una madre soltera podría educar a su hija en casa?”. Pero me interesó el tema y, por curiosidad, investigué de qué se trataba.
Al averiguar, encontré mucha información acerca de currículums y plataformas que eran muy costosas para mí, así que terminé confirmando mi pensamiento. En ese momento, mi hija tenía 6 años, estaba en primero y, de manera muy esforzada, le pagaba un colegio. Quizá no era el mejor, pero calmaba mi conciencia pensar que, si estaba en un colegio pequeño, iba a estar más cuidada.
Unos meses después ya había olvidado el tema, pero Dios no.
Para ese entonces era el año 2018. Yo trabajaba como asesora comercial y me ascendieron a gerente comercial. Eso significaba un aumento en mis comisiones, pero las ventas comenzaron a bajar muchísimo. A mi hija le comenzaron a hacer bullying en el colegio, los maestros estaban haciendo cosas incorrectas y mi hija se puso muy rebelde.
En ese momento mi carácter era explosivo, iracundo e impulsivo. Comencé a corregir todas las noches a mi muñeca por sus acciones durante el día. Emocionalmente esto nos estaba afectando a las dos. Fueron momentos muy difíciles y el Señor seguía poniendo en mi corazón el sentir de estar más tiempo en casa con mi hija, pero no me sentía capacitada y tenía mucho miedo, así que de nuevo no obedecí.
En mi trabajo me comenzó a ir peor y quise obedecer al Señor a medias. Para octubre del 2018 comencé a trabajar freelance, es decir, por comisiones y manejando mi tiempo. Era duro: había meses en los que ganaba bien, como meses en los que no me llegaba ni para pagar el arriendo.
Decidí humillarme ante el Señor y decirle que me diera el trabajo que estuviera en sus planes para mí y que no fuera por dinero. Para ese año mi hija entraba a segundo y la matriculé. Como ahora estaba más en casa, me comencé a dar cuenta de todo lo que estaba viviendo mi hija.
Comenzó a venir mucha preocupación por el dinero, así que con mi hija y mi sobrina (a quien yo cuidaba) comencé a servir más en la iglesia, en Kids, e ir todos los jueves a intercesión. Aprendí a conquistar en la oración.
Fueron 9 meses de intercesión en donde Dios comenzó a traer liberación y sanidad a las dos. En ese tiempo se me acercó alguien a decirme que los pastores Guerra necesitaban una niñera durante la convención. Entonces me presenté y me aceptaron.
La pastora me dijo que si podía contar conmigo si me necesitaba en las siguientes semanas, y yo le dije que tendría que traer a mi hija. Ella me respondió que no había problema.
Entonces, como vi que ya tenía la oportunidad de estar más con mi hija, comencé a buscar asesoría para hacer homeschool. Dios envió a una mamita, a quien bendigo mucho, que me ayudó en todo el proceso. Lo primero que me dijo fue: “No te preocupes por el dinero”. Ahí el Señor trajo paz a mi alma y fuerza para empezar.
Quizá te preguntarás: “¿Pero cómo hiciste? ¿El tiempo, las clases, el trabajo, etc.?” Te lo digo con toda honestidad y convicción: cuando obedeces y das el primer paso, Él va a organizar todo.
Dios me dio un trabajo en donde me permitían llevar a mi hija. El primer año trabajé solo en las tardes, así que en las mañanas me dediqué a darle clase. El primer año lo hice con Cápsulas Educativas, una plataforma del gobierno. Te dan las guías de las materias principales y es totalmente gratis.
Para el siguiente año, cuando Gabi entraba a 4º, ya estaba mejor financieramente y le pagué una plataforma que me daba las guías y me certificaba el año.
Luego comencé a trabajar tiempo completo, lo que nos obligó a ser más disciplinadas, aprovechar el tiempo al máximo y ayudó a que mi hija creciera en autogobierno. Fue un desafío; necesité esfuerzo, pero también crecí y aprendí mucho. Ahí la tuve hasta séptimo.
El año pasado el Señor nos llevó a salir de la plataforma en la que la tenía y nos guió a un ministerio de educación clásica cristiana.
El homeschool ha sido una experiencia muy hermosa, en donde me he podido dar cuenta de luchas que mi hija ha tenido y que no hubiera podido ver si estuviera en un colegio. He aprendido a conocerla. Dios nos ha ayudado a poder encontrar momentos de calidad para estudiar y hemos visto el avance de ella en todas las áreas de su vida.
Hoy trabajo con los pastores en la tarde y educo a mi hija y a mis sobrinos en la mañana. Mi hija ya tiene 14 años. Es una niña muy inteligente, está en patinaje artístico, ama leer y escribir, canta y toca el violín en la filarmónica. Es alegre y muy dulce, y de verdad el homeschool ha sido una herramienta muy poderosa para fortalecer nuestra relación.
En todo este tiempo Dios ha sido su padre y mi esposo. Nunca nos ha desamparado y yo sé que nunca lo hará.
Mi nombre es Sandra Beltrán. Nací hace 38 años en la ciudad de Bogotá, Colombia. Soy madre cabeza de familia y tengo una hija de 14 años. Trabajo en el cuidado de niños y en tutorías escolares, y hace un año Dios me dio un emprendimiento. Jesús me encontró hace 14 años y transformó totalmente mi vida. Ha sido mi esposo y el padre de mi hija, y me permite servirle como líder de Teens y de Rocas en mi iglesia.