¿Qué haces cuando recibes una promesa de parte de Dios, pero la realidad parece contradecirlo todo? ¿Qué haces cuando el milagro que esperas viene envuelto en incertidumbre, diagnósticos y lágrimas?
Este es el testimonio de nuestra hija Grace. Una historia que desafió nuestra fe como padres y nos enseñó que Dios permanece fiel, incluso cuando no entendemos lo que está sucediendo.
Un nuevo embarazo, una nueva alegría
Dieciocho meses después del nacimiento de nuestro primer hijo, recibimos una de las noticias que más anhelábamos: ¡estábamos esperando otro bebé!
La alegría fue inmensa. Le di la sorpresa a mi esposo y a nuestro hijo mayor con un video que publicamos en Instagram. Le pregunté:
—¿Quieres un hermanito?
Y él, con toda su inocencia, respondió:
—¡No!
Todos reímos. Eran días llenos de ilusión.
A las ocho semanas escuchamos el corazón del bebé latiendo con fuerza. Todo parecía perfecto. Teníamos paz y confiábamos en que Dios estaba guiando cada paso.
Pero en la semana doce todo cambió.
Un examen de translucencia nucal mostró una alteración que podía indicar un problema genético. Después de realizar estudios más profundos, recibimos el diagnóstico:
Trisomía 21. Nuestra bebé venía con síndrome de Down.
La noticia nos rompió el corazón. Lloramos. Oramos. Le preguntamos a Dios por qué estaba ocurriendo aquello. Él nos había prometido tres hijos, pero jamás imaginamos que ese camino incluiría una prueba tan grande.
Una palabra para resistir
En medio del dolor, nuestra pastora Emma Claudia nos dio una palabra que se convirtió en un ancla para nuestra fe:
"Todo lo que han aprendido en cada predicación ha sido para esta prueba. Busquen cuatro amigos de fe que los sostengan en oración cada día."
Eso hicimos.
La cobertura de nuestros pastores y el respaldo de amigos espirituales nos sostuvieron cuando nuestras fuerzas comenzaron a faltar.
Grace: su nombre, su promesa
Tiempo después hicimos el gender reveal durante un servicio de la iglesia. Más de doscientas personas celebraron con nosotros cuando supimos que era una niña.
La llamamos Grace, porque estábamos convencidos de que la gracia de Dios reposaba sobre su vida.
Sin embargo, los médicos insistieron en varias ocasiones que legalmente podíamos interrumpir el embarazo hasta la semana 26. Y aunque amábamos profundamente a Dios, debemos ser honestos: hubo momentos en los que contemplamos esa posibilidad.
El miedo muchas veces nos hace querer resolver las cosas por nuestra cuenta. Pero gracias al respaldo espiritual que teníamos, elegimos aferrarnos a la promesa. Elegimos seguir creyendo. Cada mes era una montaña rusa. Había días de paz y otros en los que el temor parecía ganar la batalla. Pero cada día elegíamos buscar a Dios.
Una batalla espiritual real
En la semana 26 viví uno de los momentos más difíciles de todo el embarazo.
Una noche sentí una opresión muy fuerte y un pensamiento vino a mi mente:
"O muere ella o mueres tú." Supe que aquella voz no provenía de Dios.
Por primera vez experimenté pensamientos completamente catastróficos.
Entonces me levanté y comencé a declarar la Palabra. Recordé los siete derramamientos de la sangre de Jesús y proclamé:
"Ni ella morirá, ni yo. Esta niña vivirá y cumplirá el propósito de Dios."
Después vino a mi corazón Juan 9:3:
"Este no pecó, ni sus padres; sino que está así para que las obras de Dios se manifiesten en él."
En ese instante toda culpa desapareció.
Comprendimos que la vida de Grace sería para glorificar a Dios.
Milagros desde el vientre
Más adelante, los médicos descubrieron que Grace tenía ambos pies completamente doblados y que probablemente necesitaría cirugía al nacer.
Pero Dios tenía la última palabra. Nuestra líder nos llevó a la casa del Pastor César para que orara por ella. Mientras oraba, Grace dio una fuerte patada dentro de mi vientre. En el siguiente ecosonograma, los médicos encontraron algo que no podían explicar: Sus pies estaban completamente normales. Dios ya estaba obrando un milagro.
Adoración en medio de la ansiedad
Los siguientes meses estuvieron llenos de ansiedad. Muchas noches no podíamos dormir.
Lo único que traía paz a nuestro corazón era adorar. Mientras sonaban las canciones, sentíamos que Dios respiraba vida sobre nosotros. Y aunque el dolor seguía presente, decidimos no detener el ministerio. Seguimos liderando nuestra célula.Seguimos predicando.Seguimos sirviendo.
Hoy entendemos que esa fue una de las decisiones más importantes de nuestra vida: seguir sembrando fe en otros mientras Dios hacía Su obra en nosotros.
El nacimiento: ver el rostro de Dios
Cuando Grace nació, todo cambió. Joel recordó una enseñanza del Pastor César sobre Jacob, cuando dijo:
"El verte es como ver el rostro de Dios."
Comprendimos que ver el rostro de Dios es encontrarse con la respuesta, con la promesa cumplida y con Su fidelidad.
Eso sentimos cuando vimos a nuestra hija, toda la ansiedad desapareció, toda la tristeza se fue. Dios había estado con nosotros desde el principio.
Grace hoy: un milagro con propósito
Hoy Grace tiene cinco años. Es una niña alegre, independiente y valiente. Camina perfectamente, aunque los médicos aseguraban que necesitaría cirugía. Está aprendiendo a hablar, asiste al colegio y llena de alegría a cada persona que la conoce. Grace no es solamente nuestra hija. Es una promesa viva, un milagro diario y un recordatorio constante de que Dios sigue glorificándose, aun en aquello que no logramos comprender.
Si hoy estás atravesando una prueba…
Tal vez tú también recibiste un diagnóstico que cambió tus planes.
Tal vez sientes miedo, incertidumbre o dolor.
Quiero recordarte que Dios sigue viendo tus lágrimas.
Él no ha dejado de obrar.
Así como lo hizo con Grace, también puede manifestar Su gloria en medio de tu historia.
Si estás viviendo una situación parecida, me encantaría orar por ti. Escríbeme y comparte tu testimonio. Juntos creemos que Dios sigue haciendo milagros.
"Este no pecó, ni sus padres; sino que está así, para que las obras de Dios se manifiesten en él."
Juan 9:3
Laura Suárez
Esposa y madre de tres hijos, Laura conoció a Jesús en el año 2001 y desde entonces camina como hija de Dios con un corazón apasionado por su presencia. Reside en la ciudad de Orlando, donde junto a su familia Pastorean la iglesia local de
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