Una de las preguntas que más escuchamos quienes educamos en casa es:
"¿Y cómo van a socializar sus hijos si no van al colegio?"
Durante mucho tiempo se ha creído que un niño que no asiste a una escuela está en desventaja para relacionarse con los demás. Sin embargo, esta idea suele partir de la perspectiva de los adultos y no siempre tiene en cuenta la capacidad que tienen los niños para construir relaciones en diferentes entornos.
Recuerdo que, cuando el Señor nos guió a comenzar esta aventura con nuestra hija mayor, la principal preocupación de nuestra familia, tanto en Francia como en Colombia, era precisamente esa: ¿cómo iba a hacer amigos?, ¿cómo aprendería a relacionarse con otros fuera del colegio?
Es cierto que convivir con otros niños favorece la creación de vínculos afectivos, pero no es la única manera de desarrollar habilidades sociales.
Un niño que crece en un ambiente familiar sano aprende desde muy pequeño a respetar a los demás, compartir espacios, adaptarse a las diferencias y comprender cuál es su lugar dentro de una comunidad. De hecho, numerosos estudios muestran que los niños que crecen en ambientes familiares violentos o inestables suelen presentar mayores dificultades para relacionarse con otros, incluso estando escolarizados.
Ahora bien, la familia tampoco es suficiente.
Los niños necesitan compartir ideas, emociones y experiencias con otras personas. Esa interacción les ayuda a fortalecer su personalidad, desarrollar empatía, aprender a resolver conflictos y construir una identidad segura.
Como padres cristianos, nuestro desafío es aún mayor. No se trata únicamente de procurar que nuestros hijos tengan amigos, sino de ser intencionales al escoger los ambientes en los que crecerán y se relacionarán.
Nuestra experiencia en Francia
En Francia, las actividades extracurriculares son prácticamente indispensables para las familias que educan en casa. Además, la legislación solo permite el homeschool en cuatro situaciones específicas.
Gracias a Dios, nuestra familia obtuvo la autorización desde el preescolar. A partir de ese momento comenzó otro desafío: encontrar las actividades que respondieran tanto a las necesidades de nuestra hija como al llamado que Dios tenía para nuestra familia.
Recuerdo muchas noches buscando opciones, orando y creyéndole a Dios por las finanzas, porque este tipo de actividades suele ser costoso y las familias que hacemos homeschool no recibimos apoyo económico del Estado.
Después de seis años educando en casa, quisiera compartir contigo algunos principios que nos han ayudado a favorecer la socialización de nuestra hija.
1. Enfócate en el llamado de Dios para tus hijos
Antes incluso de que Isabella naciera, Dios nos había dado una palabra muy específica sobre su vida. Sabíamos que una parte importante de su formación estaría relacionada con la música.
Por eso oramos para escoger el instrumento adecuado, buscando que fuera del agrado de nuestra hija y, al mismo tiempo, útil para servir al Señor.
En lugar de clases particulares, decidimos inscribirla en el conservatorio de nuestra ciudad. Allí no solo recibió una excelente formación musical, sino que también tuvo la oportunidad de interactuar con otros niños y participar en un programa multidisciplinario.
2. Ten en cuenta sus intereses
Cada niño es diferente.
Isabella ama la danza clásica y la gimnasia, así que buscamos una escuela donde pudiera desarrollar esos talentos.
Además de fortalecer sus habilidades, estos espacios le han permitido crecer en seguridad, fortalecer su identidad femenina y aprender a desenvolverse frente a grandes auditorios durante las presentaciones de su compañía de danza.
3. Escoge actividades que formen disciplina
El deporte es un gran aliado para las familias que educan en casa.
No solo ayuda a que los niños canalicen toda su energía, sino que también fortalece valores como la disciplina, la perseverancia y el trabajo en equipo.
Nuestra hija ha practicado natación, natación artística y tenis, y cada una de estas experiencias ha aportado algo importante a su formación.
4. Haz de la iglesia su mejor lugar para crecer
Si hay un espacio que ha marcado la diferencia en la vida de nuestra hija, ha sido la iglesia.
Allí ha compartido con niños, jóvenes y adultos de diferentes edades, culturas e idiomas.
Cada reunión de niños, célula, convención, encuentro y oportunidad de servir ha enriquecido su vida social y también la nuestra como familia.
La iglesia no solo forma la fe de nuestros hijos; también les brinda una comunidad sana donde pueden crecer y desarrollar relaciones significativas.
5. Cuida los ambientes en los que participan
Hace algún tiempo Isabella quiso profundizar en el estudio de la danza clásica.
Para hacerlo, debía ingresar a un programa que, aunque parecía muy bueno, no nos daba paz.
Investigamos todo el proceso, pero tanto su papá como yo sentimos que existía un riesgo que no podíamos explicar.
Decidimos orar y luego hablar con ella.
Aunque tenía muchas ganas de hacerlo, comprendió que Dios tenía un plan mejor para su vida y que, en ocasiones, proteger el llamado también implica renunciar a buenas oportunidades.
No todo lo bueno necesariamente es lo mejor.
6. Sé intencional
La socialización no ocurre por accidente.
Entre más energía tengan tus hijos, más necesitarán espacios donde puedan compartir con otros.
Llévalos al parque cuando salgan otros niños del colegio.
Organiza juegos.
Lleva una pelota para invitar a otros a participar.
Aprovecha los cumpleaños para hacer un picnic con sus amigos.
Inicia una célula para niños.
Cada oportunidad puede convertirse en un espacio para enseñarles a relacionarse con otros de una manera sana y natural.
Una reflexión final
Después de seis años haciendo homeschool, puedo decir que la socialización nunca ha sido un problema para nuestra familia.
Al contrario, hemos descubierto que nuestros hijos pueden construir relaciones profundas, aprender a convivir con personas de diferentes edades y desarrollar habilidades sociales en ambientes seguros y saludables.
Más que preguntarnos si nuestros hijos socializan, creo que la pregunta correcta es:
¿Con quién queremos que aprendan a relacionarse y qué valores queremos que formen en esos espacios?
Como padres, Dios nos ha dado el privilegio y la responsabilidad de acompañarlos en ese proceso con sabiduría, oración e intencionalidad.
SOBRE LA AUTORA
Carolina Carrasco es mamá de dos niñas y desde 2019 educa a sus hijas en casa. Vive junto a su familia en Lyon, Francia. Es una apasionada por Jesús, las lenguas extranjeras, los viajes y las actividades manuales, y disfruta acompañar a otras familias que desean vivir el homeschool con propósito y fe.